La ausencia originaria de un paradigma teórico en el Lean siempre me ha sorprendido; en su genesis el Lean no consistió sino en la acumulación de una serie de técnicas encaminadas a la mejora de la cadena de producción.
En Toyota no había una idea nueva, no había un corpus teórico nuevo, como mucho habia una de idea de Ford y una obstinación, una fe ciega y una disciplina de hierro.
Todavía ahora, la implantación del lean en las empresas sigue ese patrón, aplicamos sucesivamente o simultaneamente una batería de tecnicas encaminadas a generar y mantener el valor (o en su versión negativa, a detectar y eliminar el desperdicio). Ante cada problema nos preguntamos donde está el valor y rechazamos todo lo demás: mapa de valor, 5 eses, 4 emes, 6 sigmas, 7 desperdicios, kanban, Poka-yoke, trabajo estandar, kaizen, etc. Técnicas dispares y muchas veces arbitrarias e inconexas aplicadas con fe ciega y determinación, configuran una conducta gerencial que establece una metodologia de trabajo rigida y disciplinada, no negociable, cuyo objetivo último es la evitación de errores en el proceso productivo, salvaguardando, en primera instancia, como regla de oro los mínimos indispensables.
Aplicado a la manera de Toyota, e incluso medio aplicado o mal aplicado, el lean tiene una característica fundamental en la que fundamenta su exito: no genera monstruos, no produce organizaciones defectuosas.
Como doctrina práctica empresarial, el Lean es un gigantesco Poka-Yoke. Todas sus técnicas, todo su despliegue tiene por objetivo hacer imposible el error. Aplica la técnica y se harán visibles los errores, aplica la técnica y destruirás las causas raiz.
Lean es una forma de conducta más que un modelo teórico y, en este sentido, su contenido es una metodologia, a prueba de tontos, para asegurar los mínimos necesarios, para evitar traspasar la frontera del error.
El Lean es un Poka-Yoke gerencial.
Y el día que no funcione, en los aspectos que no funcione…. ya haremos un kaizen.
Barcelona, España, Junio 2008.